MODELOS DE PROGRAMAS PREVENTIVOS
Cada modelo preventivo plantea de manera diferente el fenómeno del uso y abuso de drogas, por lo que la intervención será distinta para cada caso. En síntesis, los tres prototipos son:
a) Modelo basado en la información:
Proporcionan información sobre los efectos y consecuencias del uso de drogas al destinatario, que la recibe de forma casi pasiva y puede no ser capaz de asimilarla.
Los programas basados exclusivamente en la información se han demostrado como ineficaces.
b) Modelo basado en los valores y toma de decisiones:
Pretende mejorar la autoestima del individuo y que sea capaz de tomar determinaciones apropiadas en función de sus valores, actitudes y prioridades, sin dejarse influenciar por modas, presiones y estereotipos.
c) Modelo basado en la competencia social:
Trata de enseñar a manejar las presiones, a saber comunicarse, a ser críticos... aumentando la capacidad para asumir responsabilidades. Es éste un modelo que se ha demostrado eficaz.
En el diseño de los programas de prevención habrá que considerar algunos factores importantes:
1. Empleo de las técnicas de modificación de la conducta, reforzamiento positivo, modelado, etc.
2. Consideración de la etapa evolutiva en la que se encuentra el grupo, para que la metodología, el lenguaje, el enfoque, etc. sean comprensibles a esas edades.
3. Comprensión por las influencias paternas/maternas, ya que el adolescente no suele juzgar negativamente lo que hacen a diario sus progenitores (fumar, beber).
4. Influencia del grupo social, por las presiones que se sufren sin que sea obligatorio adoptar los hábitos comunes entre compañeros.
5. Los medios de comunicación ejercen un fuerte poder en los jóvenes (estereotipos, publicidad). Se pueden usar como ejemplo positivo o negativo, dependiendo del mensaje que transmitan.
6. La escuela es una institución donde padres, maestros y alumnos pueden participar de programas amplios de educación para la salud.
7. Mantenimiento de los efectos del programa, con técnicas específicas de refuerzo y autorrefuerzo de aquellas conductas adecuadas.
8. Planificación de la intervención, conociendo dónde, cuándo y cómo actuar para una mayor eficacia del programa.
En el diseño del programa preventivo también habrán de tenerse presentes las circunstancias que influyen en la repercusión del programa (Best, Santi, Thomson, Smith y Brown, 1988):
1. El contenido del programa. Las actividades que se creen tendrán un efecto sobre la futura conducta de uso o no de sustancias por parte de los destinatarios.
2. Los participantes. Dependiendo de la población destinataria, el programa tendrá una u otra efectividad.
3. Aplicadores. El personal que aplique el programa debe estar preparado para ello, pero también debe ser el más indicado: profesores, psicólogos, compañeros de barrio, etc.
4. Contexto en el que se aplica el programa. La efectividad también variará dependiendo de si es un medio urbano o rural, escolar o de barrio, etc.
5. La calidad de la aplicación aumentará si el personal está especializado.
6. El contexto cultural de implantación del programa puede ser variable (escuela, comunidad...), por lo que la eficacia del mismo también será diferente.
FACTORES DE RIESGO Y PROTECCIÓN DEL CONSUMO DE DROGAS
FACTORES DE RIESGO
Prevenir significa anticiparse, actuar antes de que surja un problema para evitar su incidencia, reduciendo las consecuencias y mejorando las condiciones actuales. Para ello es necesario conocer las causas que lo origina para poder actuar sobre ellas, sino la intervención sería ineficaz.
Los factores de riesgo son aquellas características, hábitos o condiciones individuales, culturales y sociales que, interactuando en un determinado momento, menosprecian o distorsionan el peligro, por lo que incrementan las posibilidades de que una persona pueda consumir drogas. También podríamos hablar de circunstancias personales, familiares y grupales que influyen para que se produzca un comportamiento concreto. Estos factores también inciden en el aumento del número de individuos que experimentan con drogas y en la disminución de la edad de inicio.
Así, cuando un sujeto se inicia en el consumo, está influenciado por:
a) La sustancia; que tiene sentido cuando cumple una función para el sujeto.
b) El contexto cultural y social (familia, escuela, amigos, ambiente).
c) La conducta del sujeto, o sea, las respuestas a los estímulos que recibe según sus propios intereses y valores.
En el caso de un programa preventivo nos interesan más los factores de riesgo y protección que la sustancia concreta, pues estos factores no son exclusivos del problema de las drogodependencias, por lo que dificultan también enfrentarse exitosamente a los avatares de la vida.
La prevención trata de influir sobre el mayor número de factores de riesgo y de defensa, que son variables según la edad, el sexo, el contexto social, etc. Consecuentemente, el éxito de un programa preventivo estará relacionado con la capacidad para aunar esfuerzos y coordinar las acciones dirigidas a la comunidad, escuela, familia... donde podamos abarcar la mayor cantidad de factores de riesgo y protección.
Veamos con más detalle cuáles son esas características sociales, culturales, ambientales e individuales que pueden considerarse factores de riesgo:
- LOS VALORES DOMINANTES:
Los valores fundamentales como la responsabilidad, la ética, el esfuerzo o la solidaridad han sido desplazados por la competitividad, el consumismo, el placer, el prestigio... que están presentes en el estilo de vida -ligado a la «sociedad del ocio»- de muchos sectores de la población juvenil y que pueden repercutir en el inicio y el mantenimiento del consumo de drogas.
- LOS HÁBITOS SOCIALES:
En el contexto de una cultura determinada, el individuo adquiere hábitos y actitudes que ejercen su influencia en conductas de consumo: Ante cualquier malestar físico o psíquico se recurre con facilidad a fármacos para poder superarlo.
- LA DESORGANIZACIÓN SOCIAL:
Aquellas comunidades en la que no existen lazos sociales o donde hay carencias de servicios culturales, deportivos y sociales, se pueden considerar zonas de alto riesgo y, por tanto, un factor de desprotección para niños y adolescentes que necesitan fórmulas de vinculación con la sociedad.
- ACTITUDES DE SUBGRUPOS JUVENILES:
Existen actitudes, presentes en los subgrupos juveniles, que actúan como favorecedoras del consumo de todo tipo de drogas, entre ellas:
- La falta de perspectiva en un futuro mejor;
- la búsqueda de sensaciones agradables y una vida «a tope» como síntoma de frustración;
- la vivencia de lo inmediato, sin prever las consecuencias;
- la permisividad en el uso y venta de drogas legales e ilegales;
- el consumo como un hecho lúdico y de pertenencia al grupo;...
- LA PERCEPCIÓN DEL RIESGO:
Los individuos que banalizan el consumo de drogas o que creen que no tienen consecuencias negativas, las consumirán en mayor medida que aquellos que tienen una percepción del riesgo más elevada.
- EL USO DEL TIEMPO LIBRE:
La ocupación del ocio en actividades de consumo se correlaciona con el riesgo del uso
de drogas, llegando a formar parte de la realidad social de muchos adolescentes que frecuentan, sobre todo en fines de semana, bares, pubs, discotecas... como única alternativa de relación y diversión.
- LA IMAGEN EN LOS MASS MEDIA:
Los medios de comunicación refuerzan los estereotipos relacionados con las drogas ilegales (robos, sobredosis, heroína) deformando y obviando la realidad de muchos jóvenes drogodependientes.
También la masiva publicidad del alcohol y el tabaco fomenta un ocio consumista en televisión, radio, prensa y lugares de diversión de los adolescentes, recurriendo también al patrocinio de eventos deportivos y fiestas en discotecas y pubs como medio de manipulación encubierta.
- LA DISPONIBILIDAD DE DROGAS:
Cuanto mayor es la disponibilidad de sustancias mayor será su consumo, pues se facilita el acceso a los jóvenes si no hay un control o restricción legal.
- LA EDUCACIÓN FAMILIAR:
La influencia de los padres y madres es decisiva en el comportamiento de los hijos. Pero pueden darse errores educativos de riesgo y de conducta que habrá que tener en cuenta ante cualquier propuesta preventiva:
- La ausencia de normas claras que provocan confusión y no marcan límites;
- delegar la responsabilidad de la educación a parientes, maestros o educadores;
- la sobreprotección paterna/materna que no prepara al hijo/hija para la responsabilidad, la autonomía y la iniciativa;
- no aceptar al hijo/hija tal como es, con sus diferencias y características;
- la creación de sentimientos de inferioridad en el hijo/hija por falta de estímulos positivos;
- el sometimiento rígido y jerárquico del hijo/hija hacia los padres (exceso de disciplina);
- la permisividad o desentendimiento de los hijos;
- la carencia de relaciones afectivas y la posibilidad para manifestarlas (baja comunicación familiar);
- la falta de confianza y apoyo en la unidad familiar;
- ...
Las actitudes, valores, conductas y estilos de vida de los padres influyen sobre la de los hijos y, por tanto, sobre la adquisición de hábitos de consumo de drogas (padres fumadores, bebedores, ludópatas), al servir éstos como modelos de identificación para el niño o el adolescente.
- LA ESCUELA:
La escuela es un entorno eficaz para la detección de factores de riesgo, porque desde la infancia hasta la adolescencia es obligatoria la asistencia: Rendimiento académico bajo, desmotivación, inadaptación... Pero también puede ser una variable de riesgo cuando es una escuela marginante o cuando hay escaso compromiso de enseñantes y padres (lo que muestra cierto desinterés por la educación del alumno/hijo). Lo mismo cabría decir del sistema educativo, del modelo de escuela, que desembarca adolescentes que no alcanzan unos mínimos considerados «normales», abocándoles al fracaso personal, a la baja autoestima, al desempleo, a la explotación laboral...
- EL GRUPO DE IGUALES:
En la adolescencia, el grupo de iguales cumple varias funciones:
- Sirve de soporte afectivo y de protección;
- facilita la emancipación de la familia;
- es un marco para la socialización;
- se establecen normas y valores...
El inicio en el consumo de drogas se establece en el grupo de iguales, y tres son los factores de predisposición:
1. La dependencia al grupo.
2. La presión de los compañeros.
3. Los tipos de consumo del grupo.
Para el adolescente que no tome libremente sus propias decisiones, estos tres factores va a conducirle a probar las drogas si el consumo está establecido dentro del grupo, sin prever las consecuencias negativas que pueden acarrearle.
- FACTORES INDIVIDUALES:
El individuo se relaciona constantemente en un determinado medio ambiente, donde va construyendo su escala de valores, hábitos, comportamientos... Así, habrá que situarlo en su contexto y evitar justificaciones como que las características genéticas son las únicas responsables de la adicción a determinadas sustancias.
El desarrollo socio-afectivo condiciona la forma cómo el individuo se enfrenta a la vida, por lo que el fomento de la autonomía y la independencia, de la capacidad para resolver conflictos, la toma de decisiones, del control de su propio comportamiento, de la tolerancia a la frustración, de un autoconcepto positivo, de la coherencia en sus acciones, de un proyecto de vida, etc. serán claves a tener presentes en la prevención del consumo de drogas.
FACTORES DE PROTECCIÓN
La prevención de las drogodependencias son estrategias orientadas a reducir los factores de riesgo y aumentando y reforzando los factores de protección, al objeto de que un individuo esté protegido contra la adicción a unas determinadas sustancias. Esos factores de protección previenen la aparición de los factores de riesgo, evitando que las personas consuman o, en su defecto, moderen el uso de sustancias adictivas.
La prevención pasa por el cambio de actitudes, valores y toma de decisiones, con actitudes positivas hacia la salud y negativas hacia el consumo. Los valores y las actitudes, que forman parte de la personalidad del individuo, están influenciados por la familia, la educación recibida y el medio sociocultural donde se desenvuelve y, dado su peso específico, acabarán impregnando pensamientos, creencias, ideas, opiniones y formas de actuar ante determinadas situaciones o hechos -toma de decisiones-.
El joven debe aprender a elegir respuestas a los conflictos que se le presentan en la vida, a tomar libre y razonadamente sus propias decisiones. Un esquema para ayudarle a realizar esa tarea puede ser el siguiente:
1. ¿Qué ocurre, cuál es el problema?. Lo describo.
2. ¿Qué puedo hacer?. Relaciono las posibles soluciones.
3. ¿Cuál es la respuesta más acertada?. Enumero las consecuencias de cada una de ellas.
4. ¿Cuál elijo ahora?. Decido cuál es la que más me conviene.
CLINICA Y PSICOPATOLOGIA DEL ALCOHOLISMO
1. ENFERMEDADES DERIVADAS DEL ALCOHOLISMO
La
Organización Mundial de la Salud sitúa al alcohol entre las drogas más
devastadoras para la salud física, psíquica y social de los individuos.
Los efectos que tiene sobre el organismo humano son de sobra conocidos
puesto que se trata de una substancia de un consumo muy extendido en
nuestra sociedad.
A continuación expondremos algunas de las complicaciones que se derivan de la bebida.
El
alcohol se metaboliza fundamentalmente en el hígado. Este proceso puede
derivar en una hepatitis alcohólica, que se caracteriza por una
alteración de las células hepáticas, formar depósitos de grasa en las
células hepáticas (esteatosis) o producir una alteración de la
estructura del hígado de naturaleza irreversible y que se conoce con el
nombre de cirrosis hepática.
A
nivel esofágico el alcohol disminuye el peristáltismo y reduce la
presión del esfínter inferior condicionando la aparición del reflujo
gastroesofágico. Las náuseas y vómitos terminaran produciendo úlceras a
nivel esofágico y gástrico (síndrome de Mallory-Weiss), causando
hemorragia digestiva y alterando la mucosa del esófago, condicionando la
aparición de esofagitis, que a su vez favorece la formación de
estenosis pépticas y úlceras en esófago, lo cual favorece la aparición
de hemorragias. Su acción sobre el estómago hace que se estimule la
secreción ácida cuando se consume a dosis bajas y produce una inhibición
de la secreción ácida cuando se trata de un consumo crónico. A altas
dosis afecta a la mucosa gástrica ocasionando gastritis crónica que
puede ser causa de hemorragias sobre todo si el individuo toma al mismo
tiempo ácido acetilsalicílico o antiinflamatorios. También influye sobre
la motilidad del estómago haciendo que disminuya y retrasando el
vaciamiento gástrico tras un consumo elevado mientras se acelera el
vaciamiento a dosis bajas. El consumo crónico puede derivar en una
gástritis crónica, susceptible de desarrollar un cáncer gástrico.
El
alcohol actúa como un tóxico sobre las membranas del intestino,
produciendo aceleración del movimiento intestinal y provocando diarreas.
Por otro lado, al afectar a la mucosa del intestino (lugar donde se
realiza la absorción de nutrientes), se desarrolla un trastorno de
malnutrición por estar alterada la capacidad de absorción, dando lugar a
déficits en ácido fólico y vitaminas del grupo B. El proceso de
oxidación del alcohol se produce en el hígado y exige consumir glucosa
del organismo, reduciendo las reservas alimenticias. De ahí el estado de
malnutrición característica del alcohólico.
Secundario
al daño pancreático se produce una fibrosis en el páncreas que da lugar
a una diabetes mellitus, llegando incluso a producir cetoacidosis.
El alcohol es responsable de hipoglucemia en la población no diabética.
El
alcohol produce un efecto vasodilatador sobre el corazón, produciendo
cambios en la coagulación, disminuyendo así el riesgo de muerte
cardiovascular. Esto ha servido de base para hablar del efecto
beneficioso de esta droga sobre el corazón, sin embargo no se puede
considerar beneficioso pues disminuye la contracción del músculo
cardíaco, produciendo arritmias y llegando a provocar lesiones en el
músculo y vasos sanguíneos. El consumo continuado del alcohol produce lo
que se conoce como miocardiopatía alcohólica. También es responsable de
los cambios en la presión arterial, disminuyéndola cuando el consumo es
de pequeñas dosis y aumentándola con el consiguiente riesgo de
accidente cerebrovascular cuando el consumo es mayor.
Después
de un consumo crónico puede producir alteraciones en las extremidades,
con fatiga al caminar, calambres, anulación de reflejos y parálisis
muscular. Es frecuente encontrar problemas osteomusculares entre los
grandes bebedores.
El
alcohol hace que los vasos sanguíneos de piel y mucosas se llenen de
sangre y se dilaten. Esto es lo que produce el enrojecimiento de la piel
en el sujeto alcohólico y la causa de que se crea de una manera
equivocada que el alcohol es un buen medio para «entrar en calor». Más
bien el efecto es el contrario, pues se pierde calor a través de la piel
produciendo un efecto de frío en el interior del cuerpo que tiene que
compensar la pérdida de calor.
El
consumo abusivo de bebidas alcohólicas se ha asociado con una mayor
prevalencia de infecciones debido a su efecto inmunosupresor. Así es
común encontrarse con infecciones del tipo hepatitis b y c,
tuberculosis, neumonías, endocarditis y meningitis en pacientes
alcohólicos, aumentando la vulnerabilidad para el desarrollo de tumores.
También
se le ha relacionado con alteraciones hormonales que desencadenan
trastornos sexuales y esterilidad, así como alteraciones neurológicas
que terminan afectando al nervio óptico y produciendo trastornos
visuales.
El
alcohol empeora el rendimiento intelectual verbal y manipulativo,
repercutiendo sobre la atención y rapidez en la discriminación de
estímulos, afectando a la memoria y disminuyendo la capacidad para el
aprendizaje.
Los
trastornos de sistema nervioso merecen una consideración aparte por
poseer una sintomatología muy florida en muchos casos y no ser exclusivo
del dependiente del alcohol en algunas alteraciones.
La
psicosis alcohólica aguda o Delirium tremens tiene lugar como
consecuencia de la privación o abstinencia (de pocas horas hasta 24).
Durante este fenómeno se producen alucinaciones visuales con contenido
aterrador que el individuo vive con suma angustia. Suele estar alterada
profundamente la conciencia, con agitación psicomotora, alteraciones del
pensamiento, errores en el reconocimiento del entorno, desorientación,
insomnio, sudoración, hipertensión arterial y dilatación pupilar. Se da
una gran ansiedad y puede desembocar en coma o muerte.
En
la alucinosis alcohólica no suele estar alterada la conciencia. Tienen
lugar alucinaciones auditivas (voces que le insultan) y el delirio de
persecución le lleva a adoptar una conducta de huida o de agresión
contra él mismo o contra los demás. Generalmente se produce después de
abandonar la bebida (48 horas), pero en ocasiones puede aparecer el
fenómeno en caso de un aumento del consumo.
La
celotipia crónica o delirios de celos suele estar asociada al
alcoholismo, aunque la personalidad del individuo es un factor a tener
en cuenta como posible desencadenante. Es frecuente que el alcohólico
sospeche de la fidelidad de su cónyuge. Algunas veces todavía está
conservada la capacidad crítica que haga poner en tela de juicio esas
dudas, otras veces llega a ser delirante hasta el punto de creer que se
entrega de modo indiscriminado al propio médico o a personas de cierta
relevancia social. Algunos psicólogos de enfoque dinámico interpretan la
impotencia sexual, causa de los sentimientos de inferioridad tan
frecuente en el alcohólico, como la causa de este fenómeno.
Entre las encefalopatías encontramos las siguientes:
- Síndrome de Korsakoff:
Este
trastorno no es exclusivo del alcoholismo, así determinados
traumatismos craneoencefálicos pueden desarrollar la enfermedad. Se
caracteriza por trastornos de memoria, en concreto le resulta imposible
fijar los recuerdos posteriores al inicio del trastorno, esto le lleva a
tener enormes lagunas en la memoria que suelen ser rellenadas con
material falso. Es lo que se denomina confabulaciones.
Se
realiza falsos reconocimientos de personas que no conoce. Alteraciones
neurológicas pueden afectar a las extremidades produciendo parestesias y
atrofia muscular.
- Encefalopatía de Gayet-Vernicke:
Este
trastorno se asocia con una carencia de tiamina; por tanto no es
exclusiva del alcohólico. Suele ir acompañada de alteraciones de la
memoria, desorientación, confusión. Trastornos de la visión y
polineuritis.
- Degeneración cerebelosa:
Esta
enfermedad se produce por una degeneración en el cortex del cerebelo.
Suele existir una dificultad para el movimiento en tronco y extremidades
inferiores. También se da una alteración en el aparato ocular
produciendo movimientos del globo ocular denominado nistagmus.
- Encefalopatía hepática:
Es
la más frecuente de las lesiones cerebrales producidas por trastorno
alcohólico. Debido a una alteración en la metabolización hepática se
produce una hiperplasia en los astrocitos dañando el parénquima
cerebral.
Puede
ser aguda o crónica. En la primera tiene lugar el coma hepático, en la
segunda se producen trastornos emocionales, intelectuales y de la
personalidad que pueden ser reversibles.
- Encefalopatía Minor:
Se considera una primera afectación del sistema nervioso central, evolucionando hacia otras formas de encefalopatías.
Aunque
el inicio del consumo alcohólico en muchos casos está condicionado a la
búsqueda de relajación, disminuir la ansiedad, evadirse de los
problemas,... con un consumo prolongado la ansiedad aumenta y el estado
de ánimo empeora, surgiendo los trastornos depresivos y de ansiedad.
2. SÍNDROME DE ABSTINENCIA
Existen dos grupos de manifestaciones del síndrome de abstinencia:
-
Manifestaciones habituales de predominio matutino en las que se
presenta temblor labial y de manos, sensación nauseosa, ansiedad e
inquietud, cansancio y estado de ánimo deprimido, manifestaciones que
mejoran con la ingesta.
-
El Gran Síndrome de Abstinencia o Síndrome Confuso-Onírico (Delirium
Tremens). Se inicia con ansiedad y temblor en manos, extremidades,
labios y lengua. Se producen crisis convulsivas y alucinaciones
visuales. Se presenta al cabo de 8 a 24 horas de la abstinencia o
disminución de la ingesta
3. LA PERSONALIDAD DEL ALCOHÓLICO
El
DSM-IV relaciona alcohol con trastorno depresivo aunque más como una
consecuencia de la conducta de beber que como factor inherente al
bebedor. La bebida produce estados maníacos y suele relacionarse con un
trastorno de ansiedad, en concreto con la fobia simple en el hombre y
con la agorafobia en la mujer, trastornos que el sujeto intenta superar
con la bebida.
El
alcohólico utiliza la bebida como un medio para eliminar la
insatisfacción que habita en él. Sus problemas personales y depresiones
parecen «ahogarse» con el alcohol. Le caracteriza un alto nivel de
frustración y un bajo nivel de autoestima, pero en cuanto al carácter
del alcohólico dependiente surge el interrogante de si su personalidad
es previa a la bebida o consecuencia de ella.
Algunos
autores señalan que las personas con mayor nivel de neuroticismo,
inestabilidad emocional o ansiedad tienen mayor tendencia a consumir
bebidas alcohólicas, debido a los efectos ansiolíticos de la bebida.
Entre los rasgos de personalidad que aparece en un individuo dependiente se encuentran:
- Inmadurez emocional:
Actúan
como personas dependientes, de personalidad débil, necesitadas de
aprobación, presentan desajustes sexuales y dificultad de trato con el
otro sexo, baja tolerancia a la frustración y dificultad para aplazar la
satisfacción de sus deseos.
- Baja autoestima y baja tolerancia a la frustración:
Esto
lo hace incompetente para enfrentarse a los problemas, creciendo a la
vez su frustración, lo que le lleva a la bebida por sus poderes de
evasión. Termina produciéndose un círculo vicioso; el alcohol lo vuelve
más impulsivo y hace que se salte las normas sociales, lo cual le
generara aun menor control emocional y conductual.
- Una educación paterna restrictiva:
En cuanto a la expresión de sentimientos desemboca en un individuo adulto que esconde sus emociones y necesidades.
A
través de los efectos ansiolíticos, inhibidores y euforizantes del
alcohol, el individuo cree poder disimular las carencias inherentes a su
personalidad.
El
abuso de la bebida no ha de tomarse como algo aislado sino asociado a
factores de personalidad o alteraciones psiquiátricas, sin embargo hay
que tener en cuenta el efecto desinhibidor que el alcohol produce en el
«paso al acto», desencadenando con mayor facilidad situaciones violentas
hacia los demás pero también hacia él mismo a través de conductas
autopunitivas que, bien larvadas o explícitas, desencadenan en el
suicidio.
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